Introducción

Introducción

Las 'res novae' de nuestro tiempo

§1–§16 · pp. 3–5 · 16 párrafos · 16/16 editados ✓

Síntesis del capítulo

La Introducción plantea la pregunta vertebradora del documento: ¿qué tipo de mundo estamos construyendo en la era de la IA? León XIV propone dos imágenes bíblicas como ejes hermenéuticos —Babel y Nehemías— y sitúa la encíclica en continuidad con Rerum Novarum (cuyo 135° aniversario celebra). La técnica no es antagónica a la persona, pero tampoco es neutral: 'toma el rostro de quien la concibe, financia, regula y usa'. Cierra con un llamamiento universal a 'no temer ensuciarnos las manos' en la obra del tiempo presente.

5 Secciones

Apertura del documento. La elección entre levantar Babel o reconstruir Jerusalén organiza toda la encíclica. Inscripción explícita en la tradición iniciada por Rerum Novarum (1891) — la DSI como 'patrimonio de sabiduría' vivo, no estático.

Las 'res novae' contemporáneas son la digitalización, la IA y la robótica. Diagnóstico clave: el poder tecnológico hoy es 'predominantemente privado' (actores transnacionales con recursos superiores a muchos gobiernos), lo que vuelve más difícil discernir, gobernar y orientarlo al bien común.

Babel y Nehemías como contramodelos hermenéuticos: Babel es la obra concebida sin Dios, sustentada por la uniformidad que elimina la diversidad; Nehemías reconstruye con responsabilidad compartida, escuchando a cada uno. La tecnología 'no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe' — la primera elección no es entre 'sí o no' a la tecnología, sino entre Babel y Jerusalén.

Cuatro criterios para 'edificar en el bien': (1) edificar sobre la relación con Dios; (2) aceptar los límites y la fragilidad humana sin considerarlos un error que corregir; (3) corresponsabilidad valiente — 'a cada uno corresponde su tramo de muralla' (subsidiariedad); (4) lenguaje evangélico — claridad y franqueza, no entusiasmos ingenuos ni miedos estériles.

Cierre de la Introducción con el llamamiento programático: 'no temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo'. La era de la IA exige permanecer profundamente humanos. 'Ser constructores de comunión, no arquitectos de Babel; siervos del Reino que viene, no dueños de torres destinadas a derrumbarse'.