Una sola lengua, una sola tecnología, una sola dirección […] el proyecto esconde un profundo engaño: es una obra concebida sin referencia a Dios.
Primera imagen bíblica: la torre de Babel (Gn 11). Los seres humanos buscan estabilidad, poder y 'perpetuarse un nombre'. El proyecto parece grandioso — 'una sola lengua, una sola tecnología, una sola dirección' — pero esconde un engaño: es una obra concebida sin Dios, sustentada por una uniformidad que elimina la diversidad y sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia.
El paralelo con la era digital es explícito: 'una sola tecnología, una sola dirección'. La uniformidad que aplana las diferencias — algoritmos que estandarizan, plataformas que homologan culturas, lenguas únicas (incluso digitales) que pretenden 'traducirlo todo' a datos y rendimientos — son figuras contemporáneas del 'síndrome de Babel'. La crítica no es a la unidad ni a la cooperación, sino a la uniformidad sin diversidad: pluralidad sacrificada en nombre de la eficiencia.