La Doctrina social de la Iglesia no es fruto de un proyecto elaborado en un escritorio, sino el resultado de un proceso paciente.
Cierre del Cap. I. La DSI no es fruto de un proyecto elaborado en un escritorio, sino el resultado de un proceso paciente — cada Pontífice ha aportado una contribución original a la luz de las 'res novae' de su tiempo. Los siete grandes principios del patrimonio único: dignidad de la persona, valor del trabajo, destino universal de los bienes, solidaridad y subsidiariedad, cuidado de la creación, centralidad de la paz y la fraternidad. Desarrollo armonioso 'aunque no siempre lineal' — los cambios de perspectiva 'no rompen con lo anterior, sino que hacen madurar sus implicaciones'.
El cierre del Cap. I funciona como bisagra metodológica hacia el Cap. II. Si el Cap. I mostró que la DSI es un proceso histórico vivo, el Cap. II ahora puede presentar sus principios sin caer en la tentación de presentarlos como un sistema cerrado. Los siete principios listados (dignidad, trabajo, destino universal, solidaridad, subsidiariedad, cuidado, paz/fraternidad) son los 'tramos de muralla' que cada actor —y la encíclica entera— debe asumir. El método de Magnifica Humanitas se ha aclarado: aplicar estos principios a las 'res novae' de 2026 (IA, robótica, digitalización) sin romper con la tradición, sino haciendo 'madurar sus implicaciones'. La afirmación 'la DSI no es proyecto de escritorio' es también una autocrítica anticipada: la encíclica no quiere proponer un sistema cerrado sobre la IA, sino una contribución a un proceso paciente que continuará.