Para custodiar a la persona humana en el tiempo de la IA, debemos volver a reflexionar sobre el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la justicia social.
Apertura programática del Cap. II. La DSI es 'una realidad viva, en diálogo con la historia, las culturas y las ciencias' y conserva 'un núcleo de verdad que no declina'. El método del capítulo: para 'custodiar a la persona humana en el tiempo de la IA' hay que volver a reflexionar sobre los cuatro grandes principios — bien común, destino universal de los bienes, subsidiariedad y justicia social — analizados conjuntamente, porque 'se reclaman y se iluminan mutuamente'.
El verbo elegido — 'custodiar' — es deliberado. No se trata de regular técnicamente la IA ni de detenerla, sino de custodiar a la persona humana en su interior. La 'custodia' implica una posición pastoral: vigilancia activa, cuidado, atención a lo que la transformación tecnológica puede dañar. La insistencia en analizar los principios conjuntamente es metodológica: la encíclica rechaza la lectura aislada de un principio (por ejemplo, subsidiariedad sin solidaridad) — pone a la DSI como un sistema cuyas piezas se sostienen mutuamente. Este será el método para evaluar la IA en los Caps. III-V.