Se trata de puro poder carente de verdad, que impone sutil o abiertamente lo que quiere que los demás consideren como verdadero.
Tesis política aguda: quienes disponen de recursos técnicos y económicos masivos pueden orientar lo que las personas consideran verdadero sobre el ser humano, el mundo, el sentido, la familia, Dios. El Papa lo llama 'puro poder carente de verdad'. Reactiva a Juan Pablo II sobre 'crisis en torno a la verdad' y la consecuente alteración de la conciencia, y a Francisco sobre la dignidad humana como verdad irrenunciable.
Pasaje políticamente cargado. Cuando una corporación tecnológica controla la curaduría algorítmica de lo que ven 3.000+ millones de personas, decide en términos prácticos qué es 'la conversación pública'. La encíclica nombra esto sin eufemismos: 'poder carente de verdad'. La frase es defendible en el plano descriptivo (es el efecto del control de plataformas) y queda como diagnóstico filosófico más que como propuesta operativa.