Quienes controlan las plataformas digitales y los medios de comunicación tienen una notable capacidad para influir en el imaginario colectivo y presentar como deseable una determinada visión de la realidad.
Quienes controlan plataformas y medios pueden influir en el imaginario colectivo y presentar como deseable una visión de la realidad. Es un poder que debe ser iluminado por la verdad y el respeto a la dignidad — para que la red no sea distracción/homogeneización/dominio sino espacio donde madure libertad interior y pensamiento crítico.
Diagnóstico empíricamente sólido. La curaduría algorítmica de contenidos (TikTok, YouTube, Meta) define en gran medida qué considera deseable una generación entera. Estudios sobre TikTok y body image en adolescentes, sobre el algoritmo de YouTube y radicalización (Tufekci 2018), sobre Instagram y comparación social — todos respaldan la preocupación. La encíclica plantea la pregunta normativa: ¿cómo evitar que ese poder sirva a la homogeneización?