Una cultura en la que el enemigo queda reducido a un dato y la víctima a un 'daño colateral'.
La revolución digital modifica la gramática de los conflictos. A la guerra visible se suman formas híbridas: ciberataques, manipulación de la información, campañas de influencia, automatización de decisiones estratégicas. La IA acelera estos procesos. Las tecnologías son intrínsecamente ambivalentes: lo que nace para proteger puede volverse ataque. La IA puede bajar el umbral del uso de la fuerza, opacar responsabilidades, y reducir 'al enemigo a un dato y a la víctima a un daño colateral'.
Diagnóstico empíricamente sólido. La 'guerra híbrida' (Hybrid Warfare) es categoría doctrinal de la OTAN desde 2014. Los ciberataques de actores estatales (SolarWinds 2020, NotPetya 2017), las campañas de influencia algorítmica (Cambridge Analytica, IRA rusa en 2016), el uso documentado de IA en targeting militar (sistema Lavender de las IDF revelado en 2024) — todos ejemplifican el patrón. La frase 'la víctima reducida a daño colateral' es eufemismo militar conocido (collateral damage) que la encíclica nombra correctamente como deshumanización.
Sobre la ambivalencia técnica: el caso emblemático es el uso militar de tecnología originada en investigación civil — desde la lucha por GitHub Copilot for Defense, hasta los modelos open-source (Llama, Mistral) usables tanto para análisis médico como para targeting. Sobre IA militar específicamente: Lavender (IDF, Gaza), Project Maven (US DoD-Google, generó protesta interna en 2018), sistemas de drones autónomos en Ucrania. La 'ambivalencia intrínseca' que la encíclica nombra es problema central del campo, abordado por iniciativas como Future of Life Institute, Campaign to Stop Killer Robots, Geneva Conventions adaptations.