La escucha de las víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia es parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención.
Cierre del Cap. II y aplicación de la justicia social al interior de la Iglesia. 'Sanear las relaciones y las estructuras eclesiales de aquellas distorsiones que generan desigualdades, falta de claridad y atropellos'. La escucha de las víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia es 'parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención'. 'Todo poder está al servicio de la comunión y la misión'. Los recursos eclesiales están llamados a ser realmente comunes (Hch 4,34) — formas regulares de evaluación del ejercicio de las responsabilidades ministeriales. 'Buscar juntos el bien de todos, en la corresponsabilidad y en la fraternidad, no es una utopía, sino una posibilidad real'.
El párrafo cierra el Cap. II con uno de los pasajes más fuertes editorialmente: la lista explícita de seis tipos de abusos (espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder, de conciencia) y el llamado al 'reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención'. Es un pasaje autoexaminante que da credibilidad a las exigencias del resto del documento. La frase final 'no es una utopía, sino una posibilidad real' funciona como testimonio operacional: la Iglesia se ofrece como signo creíble si practica internamente lo que pide afuera. La Iglesia primitiva como referente (Hch 4,34, 'no había necesitados entre ellos') es el horizonte ideal — la comunidad como anticipación del Reino. El examen autorreflexivo del Cap. II cierra el bloque doctrinal y prepara la transición hacia los Caps. III-V, donde los principios serán aplicados a la IA.