La Iglesia no quiere levantar la bandera de la posesión de la verdad, porque la verdad no es un territorio que hay que defender, sino un bien que hay que compartir.
Pasaje editorialmente significativo. 'La comprensión de la verdad como un don que se comparte, no como una posesión que se reclama, libera a la Iglesia de la tentación de añorar formas de presencia basadas en el poder'. Cita a Juan Pablo II reconociendo los 'métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio a la verdad' (Tertio Millennio Adveniente). León XIV reitera: la Iglesia 'no quiere levantar la bandera de la posesión de la verdad'. Francisco: 'el tiempo es superior al espacio' — iniciar procesos de bien en lugar de ocupar puestos de poder.
Pasaje notable por su humildad doctrinal explícita. La autoreflexión sobre 'métodos de intolerancia e incluso de violencia' es heredada de Juan Pablo II pero la rearticulación en León XIV ('no levantar la bandera de la posesión de la verdad') es aún más fuerte. Aplicado a la IA: la encíclica no quiere imponer 'la' verdad sobre la IA sino contribuir al discernimiento compartido — esto es coherente con la insistencia en subsidiariedad y discernimiento comunitario que vertebra el documento. La verdad como 'bien que se comparte, no territorio que se defiende' es una posición epistémica que tiene implicaciones para cómo la Iglesia se sitúa en debates de IA: como interlocutora, no como árbitro.
Conceptos relacionados
Referencias cruzadas
- ↩ §132 verdad relacional (Cap. IV)