La carne humana sigue pidiendo ser cuidada y reconocida por manos capaces de ternura, por mentes atentas y buenas palabras.
Tercer imperativo: cuidar las relaciones. La cultura digital multiplica conexiones pero el corazón humano conserva 'necesidad irrenunciable de proximidad'. Salvaguardar espacios donde la presencia física es decisiva: la mesa compartida, la comunidad que se reúne, la visita a quien está solo, el servicio a los pobres. Criterio antropológico: 'cada cuerpo es templo del Espíritu y casa de Dios' — esa alianza entre gloria y fragilidad es lo que permite evaluar los modelos antropológicos contemporáneos.
El criterio que la encíclica propone para discernir modelos antropológicos contemporáneos es preciso: ¿este modelo respeta la alianza entre gloria y fragilidad? Los transhumanismos que prometen eliminar la fragilidad fallan el criterio. Las relaciones puramente algorítmicas que prometen eliminar la fricción (la espera, el desencuentro, la presencia física que cuesta) también. Lo que se afirma no es 'no a la tecnología' sino 'sí a la presencia física como espacio donde gloria y fragilidad coexisten'. Es la antropología del Cap. III sobre el límite humano (§118-122) aplicada a la vida cotidiana.