El mercado de las armas se convierte en un motor autónomo de las decisiones bélicas.
Crítica al complejo militar-industrial: la conexión entre intereses económicos, aparatos militares y decisiones políticas genera una 'nación armada' donde la guerra es 'prolongación natural de la política' y el mercado de armas 'motor autónomo de las decisiones bélicas'. Hay una lógica económica que alimenta tensiones porque la industria armamentística prospera con los conflictos.
Eco del discurso de despedida de Eisenhower (1961) sobre el 'military-industrial complex'. La encíclica lo nombra sin ambages como mecanismo que alimenta los conflictos por interés económico. Es acusación fuerte pero empíricamente respaldada: el gasto militar global pasó de ~1.8 billones USD (2014) a ~2.5 billones USD (2024) — Lockheed Martin, RTX, Northrop Grumman, BAE Systems entre los grandes beneficiarios. La frase 'motor autónomo' es precisa: el mercado de armas no responde solo a demanda, sino que crea demanda al modelar percepciones de amenaza.