El realismo auténtico no renuncia a cambiar el mundo: comienza por ver con claridad los intereses, los miedos, las limitaciones y las relaciones de poder, precisamente para calcular qué es posible lograr y con qué pasos.

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Síntesis

Cuarta vía: sano realismo entre dos extremos. Idealismo que selecciona/manipula hechos para salvar su visión. Realismo degradado que confunde constatación con resignación ('dado que la fuerza domina, debe dominar'). Realismo auténtico no renuncia a cambiar el mundo — ve con claridad intereses, miedos, limitaciones, relaciones de poder para calcular qué es posible. No reduce la política a moralidad pero tampoco la entrega a la violencia. Busca modos viables: instituciones creíbles, garantías verificables, negociaciones pacientes, prevención de conflictos.

Lectura crítica

Distinción tripartita filosóficamente sólida. El 'idealismo' descrito coincide con lo que la ciencia política llama 'wishful thinking' o 'normative bias'. El 'realismo degradado' es el conservadurismo cínico (Schmitt, Kissinger en versión vulgarizada). El 'realismo auténtico' que la encíclica reivindica es lo que Reinhold Niebuhr (Moral Man and Immoral Society, 1932) llamó 'Christian realism' — mantener tanto el imperativo moral como la lucidez sobre el poder. Es probablemente la matriz teórica más fina del Cap. V.