No es lícito confiar a sistemas artificiales decisiones letales o, en cualquier caso, irreversibles. No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable.
Crítica frontal al concepto de 'agentes morales artificiales'. Argumento: 'el juicio moral no se puede reducir a un cálculo' — implica conciencia, responsabilidad personal, reconocimiento del otro como persona. Conclusión doctrinal categórica: 'no es lícito confiar a sistemas artificiales decisiones letales o irreversibles'. La IA no libera al conflicto de su 'intrínseca inhumanidad' — solo lo hace más rápido e impersonal, baja el umbral, reduce víctimas a datos. 'No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable'.
Pasaje doctrinalmente decisivo. La encíclica zanja una discusión real del campo: hay investigadores serios (Ronald Arkin del Georgia Tech, varios uniformados estadounidenses) que han argumentado que las máquinas pueden ser más éticas que los humanos en combate — no se cansan, no se emocionan, no buscan venganza, pueden aplicar reglas de engagement más consistentemente. Argumento prima facie defendible. La encíclica lo rechaza desde una premisa filosófica: el juicio moral no se reduce a cálculo. Es la misma jugada del §99 sobre 'qué no es la IA' aplicada al contexto bélico. Para quien acepta esa premisa antropológica, el argumento es contundente; para quien la rechaza (functionalistas estrictos), se queda en petición de principio.
El debate técnico es real. Ronald Arkin (Governing Lethal Behavior in Autonomous Robots, 2009) propuso que máquinas con 'arquitectura ética' (ethical governor) podrían superar a humanos en cumplimiento de IHL (International Humanitarian Law). Posición opuesta: Noel Sharkey (ICRAC), HRW (Losing Humanity: The Case Against Killer Robots, 2012), Stuart Russell. La encíclica se alinea con la segunda posición. Cierre con propuesta constructiva: 'infundir valores y un juicio prudente en la programación de los sistemas artificiales' puede contribuir a 'un ecosistema moral en el que los seres humanos estén mejor preparados para escuchar su propia conciencia'. Es decir: no sustituir el juicio moral por sistemas, pero programar sistemas que ayuden a ejercerlo.