¡Nunca más la guerra, nunca más la guerra!
Reactiva el grito de Pablo VI en la ONU (1965): '¡Nunca más la guerra!'. Reconoce con realismo: 60 años marcados por conflictos de 'ferocidad impresionante' con efectos masivos sobre civiles. Pero en el discurso público prevalecía la convicción de que la guerra debía ser 'extrema ratio' con límites éticos y jurídicos, en horizonte orientado a la paz. La Carta de la ONU buscaba 'preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra'.
Importante apertura: la encíclica no idealiza los 60 años post-Pablo-VI. Reconoce que hubo guerras feroces (Vietnam, guerras civiles africanas, los Balcanes, Irak, Siria, Yemen, Ucrania, Gaza). Lo que cambia ahora — la tesis del próximo párrafo — no es que la guerra desaparezca, sino que se erosionan los criterios éticos que limitaban su uso como extrema ratio. Es diagnóstico afilado: no estamos peor militarmente, estamos peor moralmente.